jueves, 16 de febrero de 2017

¿Por qué prácticas de lectura en bibliotecas virtuales ejercidas en la escuela?


A propósito de la reapertura de la milenaria Biblioteca de Alejandría, Umberto Eco (2003) ofreció una conferencia en la que se refirió a tres tipos de memoria:
  •         La memoria orgánica, la de carne y sangre que administra nuestro cerebro.
  •      La memoria vegetal, representada por los primeros papiros y los libros hechos en papel.
  •         Y la memoria mineral, conocida por la humanidad bajo dos formas:

o   encarnada hace miles de años en las tabletas de arcilla y los obeliscos en los que se tallaban toda clase de escritos;
o   y la memoria electrónica de las computadoras hechas de silicio.

Vegetales o minerales, nos dice Eco, las bibliotecas se proponen guardar nuestra sabiduría colectiva, constituirse en una especie de cerebro universal donde podamos recuperar de un modo sistemático lo que hemos olvidado y lo que todavía no conocemos.

La idea de conservar material informativo y recursos de conocimiento en espacios seguros data de la época de los sumerios. Derrida (1997) afirma que desde el momento en que los seres humanos descubrieron la manera de mantener significados a través del tiempo y del espacio han sufrido la “fiebre de archivos” o el impulso de preservar un pasado cultural e histórico a través de la tradición oral y las tecnologías literarias. Hoy los desarrollos tecnológicos van aumentando las posibilidades de preservación del conocimiento, al mismo tiempo que amplían las coordenadas espaciales y temporales para difundirlo.

Es así que las bibliotecas más prestigiosas del mundo tienen actualmente su correlato en el entorno digital donde los formatos impresos conviven con los materiales de multimedia: ahí podemos hallar ediciones facsímiles de textos antiguos, una vasta cantidad de producciones literarias e informativas en las fonotecas, videotecas, hemerotecas, etc., seleccionadas con rigurosidad por personal especializado. 

Las bibliotecas virtuales constituyen espacios de acceso a valiosiosísimas fuentes de conocimiento confiables, que muchas veces son inaccesibles por su distancia o su costo o porque están fuera de circulación. Las pantallas del presente, entonces, lejos de ignorar la cultura escrita son una de sus más relevantes difusoras. Las bibliotecas virtuales expanden la posibilidad de contacto con el mundo letrado.

Es innegable que la escuela no puede quedar afuera de estos hallazgos pues es uno de los espacios centrales donde los alumnos aprenden a transitar por los libros, a convertirse en ciudadanos críticos capaces de ser usuarios competentes de la cultura letrada para poder apropiarse así de los conocimientos que la sociedad le ofrece. La tarea de la escuela es hacer realidad el encuentro personal con el mundo de los libros que muestran mundos posibles, diferentes realidades, distintas concepciones del hombre y de la vida y diversidad de formas de abordar el conocimiento.

La escuela puede ser un medio de democratización o de reproducción de las desigualdades, según el punto de vista que asuma frente al uso de la tecnología. En los últimos años, la administración educativa ha realizado un importante esfuerzo para introducir en las prácticas cotidianas de aula la tecnología digital. Sin embargo, el mayor avance en su utilización se ha registrado por fuera del sistema educativo, especialmente entre los grupos  más jóvenes y los de mayor nivel cultural y económico (Levis, 2007).

Este proceso tiende a producir un nuevo tipo de fragmentación cultural, social y generacional: los que están “conectados” y los que no lo están, los que comprenden y utilizan los códigos de la cultura digital y los que quedan al margen. Las tecnologías de la información y comunicación constituyen un aspecto más en el análisis de la distribución desigual de la cultura letrada y las prácticas que a ella se vinculan. Para que la escuela se convierta en un medio de democratización se requiere la introducción ineludible de las mismas enmarcadas y puestas al servicio de un proyecto social y educativo comprometido con la equidad y la calidad (Torres, 2005).

Propiciar que la escuela utilice estas nuevas herramientas supone avanzar en la investigación porque a pesar de que se asume declarativamente que muchas de las prácticas sociales de la escritura y lectura se han transformado con el uso de las tecnologías, sabemos muy poco en qué consisten esas transformaciones, qué se está modificando en los modos de leer y escribir y qué condiciones y situaciones didácticas generar para posibilitar que todos los niños logren constituirse en practicantes competentes y críticos también en el entorno digital.

ANTECEDENTES

Las investigaciones actuales referidas a las prácticas de lectura de niños y jóvenes en medios informáticos son abordadas desde perspectivas teóricas diversas. La gran mayoría focaliza en el estudio de las búsquedas de información en Internet, pero no especifica en las lecturas que se producen en el interior de una biblioteca virtual. Los investigadores de la psicología cognitiva hace ya veinte años que iniciaron estudios sobre la lectura de consulta de los niños y jóvenes en la Web. Bilal (2002) examina la conducta de 22 estudiantes de séptimo grado. 

Sus resultados revelan las serias dificultades de los jóvenes en hallar los datos debido a la pobre estructuración de los sitios, el escaso nivel de estrategias de búsqueda y el inadecuado conocimiento de cómo usar los buscadores. 

Otros investigadores (Guinee, Eagleton, & Hall, 2003; Brandt, 1997; Nachmias & Gilad, 2002; Yang, 1997) observan a su vez que los estudiantes, en lugar de leer la pequeña descripción que proveen la mayoría de los buscadores en sus resultados, suelen comenzar con el primer enlace/sitio ofrecido y así, sistemáticamente, avanzan en el listado. 

Es decir, utilizan una estrategia que les consume mucho tiempo y les genera una intensa sobrecarga cognitiva con un alto nivel de frustración frente al fracaso en la resolución del objetivo de búsqueda. Por su lado, Coiro y Dobler (2007) avanzan en el estudio de una población de 11 estudiantes de 6º grado calificados como “lectores expertos”.

En primer lugar, encuentran que en la lectura en Internet se combinan cuatro tipos de conocimientos: las lecturas previas en los soportes impresos y los conocimientos sobre los temas que los textos tratan, las estructuras de los textos virtuales y los motores de búsqueda, siendo los dos últimos exclusivos de la lectura online.

En segundo lugar, hallan que existe una alta incidencia de las inferencias predictivas o anticipatorias durante la comprensión online. En Internet la información no puede visualizarse con los procedimientos tradicionales de anticipación tales como el rápido hojear a través de las páginas de un libro. Por el contrario, es necesario navegar por links interrelacionados que se abren a cada paso. 

Por eso, mientras la necesidad de realizar inferencias anticipatorias sobre “qué pasará luego” puede considerarse opcional para comprender el texto informativo impreso, las inferencias anticipatorias juegan un rol extremadamente importante en la comprensión de los lectores online, puesto que aquellos que no planean estratégicamente ni anticipan hacia dónde se dirigen se encuentran perdidos o desorientados dentro de múltiples niveles de información tangencial y terminan habitualmente construyendo una colección incoherente de textos tomados al azar. Al mismo tiempo, el proceso de predicción y planificación promueve la necesidad de supervisar, monitorear y evaluar mucho más frecuentemente las decisiones que se toman y la información que se encuentra en función de los objetivos de lectura.

A partir de estos hallazgos, las investigadoras sostienen que la lectura en Internet implica un continuo proceso de composición o construcción de un texto externo a partir de las múltiples decisiones que se toman al leer y buscar información relevante para el propósito buscado.

Al final de la lectura, cada lector ha construido una representación externa y original de un texto, constituido por su propia trayectoria entre y dentro de los textos existentes en Internet, ajustado a sus necesidades. Consecuentemente, los investigadores de la línea cognitiva concluyen que “usar computadoras y acceder a Internet genera grandes demandas en las habilidades de alfabetización de los individuos” (Snow, 2002).

Internet requiere acomodarse a los distintos formatos de presentación de la información; recordar la localización en la red, tomar decisiones sobre donde ir a continuación, tener presente el recorrido realizado, y reconstruir la coherencia global del hipertexto que habitualmente se halla fragmentada.

Es decir, que a los procesos cognitivos necesarios para aprender, se les suma el esfuerzo adicional que supone controlar y regular los procedimientos de navegación y comprensión hipertextual. La mayoría de los investigadores (Henry, 2006, Kymes, 2005) propone la instrucción explícita de las nuevas estrategias de lectura en la Web y mecanismos de control que permitan al alumno monitorear su procesamiento de la información, tales como el conocimiento del propósito de búsqueda, la lectura exploratoria de los textos hallados para determinar lo relevante en función del propósito, la lectura selectiva, la asociación de nuevas ideas con conocimientos previos, la realización de suposiciones e hipótesis y su revisión. Por otro lado, los investigadores que parten de un enfoque socio-histórico vigotskiano (Cole y LCHC, 1992; Cole y Engeström, 2001; Jonassen, 1996; Olson; 1989; Pea, 2001; Salomon, Perkins y Globerson, 1992) conciben las computadoras como instrumentos semióticos que tienen una intervención decisiva en el conocimiento infantil.

Los medios informáticos constituyen instrumentos culturales que en tanto herramientas semióticas pueden ejercer un papel central en el proceso de alfabetización y en el desarrollo cognitivo de los alumnos. Así, David Olson (1989) señala: 

Finalmente, desde una perspectiva constructivista relacional en una investigación en curso realizada en la Facultad de Psicología de la Universidad de Buenos Aires (Perelman, Estévez, Bivort, González, Capria y Bertacchini, 2007; Perelman, Bivort, 2007; Perelman, Estévez, González, 2008; Perelman, Bivort, Estévez, Limansky, Mancinelli, Ornique, Paganini, 2008; Perelman, Bivort, Estévez, Paganini, Bertacchini y Capria, en prensa), se observa que el medio informático demanda elaboraciones intelectuales similares a las que se ponen en marcha frente a los soportes impresos, pero también presenta restricciones específicas: 
  • Frente a situaciones de lectura y/o escritura en entornos digitalizados (CDs de enciclopedias para buscar información, diarios digitales o el uso del “Publisher” para escribir folletos), los niños necesitan realizar un trabajo sostenido y prolongado de interacción tanto personal como mediado por los pares y/o adultos. Esto es, leer y escribir en pantalla es una práctica del lenguaje que requiere un uso y una mediación intensa, como sucede con las otras prácticas del lenguaje.
  • Los textos electrónicos poseen una variedad de sistemas notacionales: están poblados de íconos, gráficos, tipografías, y espacializaciones. En las entrevistas y observaciones realizadas se detecta que los niños comprenden el significado de los textos, las imágenes, el audio, las animaciones, el diseño, según sus 6 conocimientos previos y les atribuyen significados a veces sumamente originales que parecen incidir en la comprensión global de los textos.
  • Se observa que la lectura digital, conduce, con frecuencia a que los alumnos se pierdan ante la sobreabundancia de información provista por el medio virtual, por lo que leer en este soporte parece demandar un saber sobre el modo de organización de las fuentes virtuales y un análisis compartido de los éxitos y fracasos obtenidos, así como de las propiedades particulares de los textos que circulan en la Web.
Las condiciones didácticas parecen ser fundamentales para orientar dicha comprensión.

El soporte online impone a la actividad de leer un ritmo sumamente acelerado pero el contexto escolar puede convertirse en el espacio privilegiado para detener la acción, reflexionar colectivamente sobre ella y generar una práctica de búsqueda comprensiva y deliberada que contribuya a la formación de un estudiante autónomo y reflexivo. Este proceso supone la tensión constante entre tener éxito y comprender, entre limitarse a constatar los resultados de la búsqueda y explicar las razones de esos resultados, entre quedarse en la periferia de las situaciones de interacción con el entorno informático y dominarlas en pensamiento hasta poder resolver los problemas que ellas plantean en cuanto al porqué y al cómo de las relaciones que involucran.


Recuperado de: http://www.memoria.fahce.unlp.edu.ar/tesis/te.436/te.436.pdf el 16 de febrero de 2017

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